En el paisaje montañoso de Navarra, Gonzalo Celayeta elabora desde 2004 vinos que destacan por su carácter propio. Esta bodega gira en torno a la artesanía y la atención al detalle. Desde la elección de las uvas hasta el nombre en la etiqueta, cada botella cuenta una historia, cuidadosamente creada por un enólogo que domina su oficio como pocos.
Una historia familiar en el vino
Gonzalo creció en Olite, un pueblo con una rica tradición vitivinícola. Su abuelo era viticultor y le transmitió su amor por el oficio. Tras estudiar biología y enología, Gonzalo asesoró a otros bodegueros, pero el deseo de elaborar sus propios vinos siempre estuvo presente. Finalmente, tomó la decisión y comenzó su aventura enológica en una pequeña parcela familiar de apenas media hectárea.
De media hectárea a un dominio propio
Lo que comenzó como un proyecto modesto, creció paso a paso hasta convertirse en una bodega consolidada. Al principio, además de sus propias uvas, Gonzalo trabajaba con viticultores locales, pero pronto amplió sus viñedos. Hoy dispone de nueve hectáreas, la mayoría situadas en San Martín de Unx, una zona montañosa conocida por sus vinos de Garnacha frescos y elegantes.
Vinos con un toque personal
Cada vino de Gonzalo cuenta una historia personal. Huracán Daniela y La Huella de Aitana, por ejemplo, llevan el nombre de sus hijas y reflejan su carácter. Gonzalo trabaja de forma intuitiva y con atención al detalle, guiado por la creatividad y la emoción. Sus coupages se elaboran en pequeñas cantidades y varían deliberadamente cada año, dejando espacio para la innovación, la experimentación y la autenticidad.
Montañas, suelo y equilibrio
La ubicación de los viñedos influye mucho en el estilo de los vinos. Gonzalo trabaja con Garnacha, Viura y Chardonnay. Estas variedades crecen en altura, en suelos de caliza y pizarra. El clima fresco permite una maduración lenta, lo que favorece el desarrollo del carácter de las uvas. El resultado son vinos afrutados, frescos, con estructura elegante y un estilo propio.
Sostenible y artesanal
Gonzalo trabaja con respeto por la naturaleza y de la forma más sostenible posible. En la bodega utiliza principalmente barricas de roble francés de 500 litros. También experimenta con ánforas y crianzas prolongadas. Muchos de sus vinos están hechos para envejecer y siguen evolucionando en la botella durante muchos años, a veces hasta veinte.