Viticultores de Lapuebla

Viñedos olvidados, sabores redescubiertos

En el corazón de Rioja Alavesa, José Luis Heras da un nuevo significado a la palabra artesanía. Con Viticultores de Lapuebla, se compromete a preservar antiguos viñedos en peligro de desaparecer. Su misión: devolver la vida a parcelas olvidadas con una rica historia y elaborar vinos con carácter que reflejen el alma de la tierra. Cada botella es un homenaje al paisaje, al legado y a la gente de Lapuebla de Labarca.

Un mosaico de terruños

Los viñedos de Viticultores de Lapuebla se reparten en parcelas únicas de Rioja Alavesa, cada una con su propio suelo, orientación e historia. Situadas entre los 545 y los 700 metros sobre el nivel del mar, todas se asientan sobre suelos arcillo-calcáreos que aportan estructura y profundidad a los vinos. En estos parajes históricos crecen variedades como Tempranillo, Garnacha Tinta, Garnacha Blanca, Viura, Calagraño, Merlot, Palomino y Maturana. Muchas de las cepas tienen más de cien años, y son prueba viva de la tradición vitivinícola que José Luis continúa con esmero.

Vinos de parcela

Cada viñedo tiene su historia, y esa historia se expresa en el vino. Camino de la Torre es un vino potente elaborado con cepas de Tempranillo plantadas en 1923 en la parcela Las Torres. El Tempranillo es la uva emblemática de Rioja, conocida por su color intenso y sus aromas especiados.

En la parcela Carrakripan, el Tempranillo crece junto a la Viura (una variedad blanca fresca), que conforman la base del elegante Carrelvillar. Melancólica se elabora con Maturana — una uva autóctona poco común y de carácter marcado — cultivada en altitud en Fuentepastores.

En la parcela Alto del San Antón, la Garnacha Tinta (roja y vibrante) y la Garnacha Blanca con un toque de Calagraño (una variedad blanca antigua) se vinifican por separado para crear Galáctico y Adventicia.

Respeto, detalle e identidad

Viticultores de Lapuebla trabaja con atención y paciencia. Al cultivar y vinificar cada parcela por separado, se permite que el carácter único de la uva y del lugar se exprese plenamente.

El resultado: vinos puros y auténticos, con finura y un claro sentido de origen. No son producidos en masa, sino vinos con propósito, personalidad y una historia que merece ser contada.

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