Vinos con carácter de la Sierra de Salamanca
Vinos La Zorra tiene sus orígenes en Mogarraz, en la Sierra de Francia (Salamanca). Su fundador, Agustín Maíllo, creció entre viñedos, con recuerdos de su abuelo elaborando vino en lagares de piedra, tinas abiertas donde las uvas se pisaban con los pies. En 2010 dio forma a su pasión fundando Vinos La Zorra. Desde el inicio eligió viñas viejas, plantadas entre 1925 y 1950, con el objetivo de devolver la vida a las variedades autóctonas y al terruño de la Sierra de Salamanca.
Viñedos viejos, variedades autóctonas
Los viñedos se encuentran en las empinadas laderas de la Sierra de Francia, entre 700 y 1.000 metros de altitud. Aquí dominan las cepas viejas de Rufete, una uva autóctona que casi había caído en el olvido. Pequeñas parcelas de Garnacha, Tempranillo y otras variedades locales completan el conjunto. Los suelos pobres de granito y pizarra, combinados con el clima de montaña, producen uvas con frescura, tensión y una mineralidad distintiva.
Vinos auténticos
El estilo de Vinos La Zorra es puro, vibrante y expresivo. Los tintos muestran el carácter refinado y especiado del Rufete, con acidez elegante y taninos suaves. Los blancos son frescos y aromáticos, con sutiles notas florales y un toque mineral. Rosados y cuvées especiales completan la gama. Todos los vinos llevan la huella de su origen montañoso y del saber hacer de sus creadores.
Sostenibles e innovadores
En la bodega, la tradición va de la mano con técnicas modernas que garantizan precisión y pureza. La fermentación se realiza con levaduras autóctonas, a menudo en pequeñas barricas o depósitos de hormigón, para preservar el carácter de la uva. En los viñedos, se priorizan los métodos ecológicos y la protección de la biodiversidad. De este modo, Vinos La Zorra conecta las viñas viejas y siglos de conocimiento con un enfoque orientado al futuro.
Una historia familiar con futuro
Lo que comenzó como el sueño personal de Agustín Maíllo se ha convertido en una bodega que ha devuelto a la Sierra de Salamanca su identidad vitivinícola. Cada botella cuenta una historia de redescubrimiento: de uvas olvidadas, viñedos viejos y una región que, gracias a la habilidad y la visión, ha adquirido un nuevo rostro.